Trabajar para Dios

 
 
 Trabajar para Dios
 
 
 
El dinero, la posición social, la posición política, el trabajo estable… no da más que una seguridad relativa, seguridad material. Pero no llena el corazón del hombre. Solamente el corazón de Dios, el amor de Dios, solamente Dios mismo es capaz de llenar ese corazón hasta desbordarlo. Y será –quizás- la persona muy pobre, pero será feliz. Porque la felicidad está dentro de él, no es algo que viene de fuera, ni algo añadido al hombre. No es algo que el hombre pueda buscar, encontrar, comprar o vender. La felicidad está en el corazón del hombre, la felicidad es Dios que está en nuestro corazón.
Recuerdo con mucho cariño, una ocasión en particular en la que me invitaron a cenar en una casa de un barrio muy marginal y muy pobre. Yo estaba dando clases a los hijos mayores. Era una escuela suburbial. Esa noche los padres de unas niñas de la escuela me invitan a cenar en su casa. Por toda cena había una patata hervida y media sardina. No había más. Y aún los padres se quedaron sin sardina porque estaba yo.
Pero lo que tenía esa familia no lo he vuelto a ver muchas veces, a lo largo y ancho del mundo que he tenido la oportunidad de recorrer: Había corazón. Y cuando Jesús les dice a los discípulos: «Id donde yo os diga»,

ellos van porque había corazón en ellos. No entendían muy bien las cosas de Jesús; pero iban porque Dios les había dado corazón. Y en ellos había corazón. Y, precisamente desde el corazón, es desde donde se entiende que Dios llena la vida del hombre. Pero solo por el corazón.
Cuando los mayordomos aceptaron la invitación de María: «Haced lo que El os diga» y Jesús les dijo a los mayordomos: «Llenad las tinajas de agua», lo hicieron porque tenían corazón, porque eran hombres buenos que le entregaron a Jesús todo lo que tenían en ese momento; pues podían haber sido acreedores de una reprimenda del maestresala: en un momento de crisis de unas celebraciones nupciales, en un momento muy difícil en el que podían quedar muy mal los novios ante la sociedad y la familia… ¡Imaginaros si llegan a servir agua! Si Jesús no hace el milagro. Pero ellos creyeron y vieron la gloria de Dios. Ellos pusieron corazón en llenar las tinajas de agua y vieron el vino que salía de ellas. La hermana de Lázaro puso corazón y éste resucitó.
Haced lo que Jesús dice. Id donde Jesús dice. Ese es el preludio de este final del evangelio como resumen de todo lo demás. Este: Id donde Jesús dice y haced lo que Jesús dice va a recordarnos la necesidad que tenemos de querer a todo el mundo, de confiar en los demás, de darles el corazón, aunque a veces te lo devuelvan lacerado. ¡Qué importa!. «Los discípulos quedaron felices por haber sufrido por el nombre de Cristo» (Hech 5, 41). Claro, porque lo que da sentido, lo que da vigor, es el corazón, no lo que los demás puedan hacer o decir o incluso hacer contigo.
La vida está dentro de nosotros y esa no puede alcanzarla nadie. Solo Dios. Por eso en esta recapitulación final del evangelio, en este último encuentro de los discípulos, vuelve a insistir san Mateo: «Fueron al lugar que Jesús les había dicho». Como recordándonos que ese es el resumen con el que podría resumirse toda la enseñanza de Jesús. El amor está ahí contenido ya. Fueron donde Jesús les dijo. Hicieron lo que Jesús les dijo.
Lucas comienza los Hechos de los Apóstoles en la misma línea: «El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre lo que Jesús hizo y enseñó…» (Hech 1,1). Teófilo, es decir, amigo de Dios, amador de Dios, mejor. A continuación continúa relatando que los discípulos fueron a tal sitio y vieron cómo Jesús ascendió a los cielos.
Es de nuevo la misma situación. Todo consiste en hacer lo que Jesús dice e ir donde Jesús dice. El asciende, va al cielo, desaparece de la vista de sus discípulos, mientras los ángeles dicen: No os entretengáis mirando al cielo. La vida es muy grande, la vida es bella, la vida es maravillosa y hay que vivirla y enseñarla a vivir. Al mismo Jesús que habéis visto lo vais a ver constantemente, en vuestro corazón. No os quedéis aquí, daos prisa. Jesús diría: «He venido a traer fuego sobre la tierra y ¡qué más quiero sino que arda!» (Lc 12, 49). «No os entretengáis ahí abobados mirando al cielo».
El corazón se queda en vosotros, el corazón está en vosotros. Dios está en vuestro corazón. Adelante.

Hay mucho trabajo por hacer. Hay muchos fuegos que prender con el amor de Dios, de maneras muy simples y sencillas. A ninguno le encomendó nadie hacer grandes cosas. El último mandato de Jesús, la última indicación de Jesús fue: «Id por todo el mundo y enseñad el evangelio a toda criatura, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». No dijo que se construyeran grandes…nada.

Ni grandes edificios, ni grandes aparatos. No. Simplemente como las hormigas, que trabajan todo el verano para tener comida en invierno.
Pues simplemente como las hormigas, trabajar para Dios, llevando el corazón de un lado a otro para que en este corazón nuestro, para que en ese hacer lo que Jesús dice e ir donde Jesús dice, se puedan ir encendiendo pequeñas lucecillas que al final ardan en nuestro tiempo, en nuestro mundo y éste conozca a Dios, ame a Dios y sea feliz.

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3 respuestas a Trabajar para Dios

  1. Joan dijo:

    Trabajar para Dios es ir repartiendo amor a nuestro alrededor. Ser Luz…Un abrazo: Joan Josep

  2. P dijo:

    Trabajar para Dios es ser sencillo y amable, noble de corazón y fiel con nuestros mejores deseos. En la sencillez y la fidelidad es donde se encuentra la sabiduría y no tanto en el conocimiento. No es necesario ser un gran personaje mediático ni un intelectual de pro. Recuerdo a mi padre; era un hombre sencillo y humilde pero con una gran bondad de corazón.Un abrazo. Pablo.

  3. JORGE dijo:

    Apreciado en Cristo Alberto,
     
    Gracias por poner el botón de nuestro pequeño “Godcast: Travesía por la Vida” (vvv.travesiaporlavida.podomatic.com) en tu blog, tu casa cuando quieras. Realmente es un honor, que esperamos ayude a tus lectores a encontrar a Cristo.
     
    Felicitaciones por el blog, ojalá nosotros siempre seamos tan dispuestos a hacer lo que Jesús nos diga, lamentablemente no lo hacemos y ahora algunos hasta manipulan seres humanos en etapa de embrión, tan solo para sentirse como dioses.
     
    Gracias y bendiciones.
     
    Jorge

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